Un peruano que sale de su patria odiado por amigos y familiares, pero que es admirado en cada rincón por el que pasa la tropa de ciudadanos del mundo. Aquí recogemos algunas de sus columnas que ya se han publicado en los diferentes países del mundo y que no busca m´s que juntarlas para que no se pierdan en los archivos mundanos.
26.4.07
Los sueños esquivos (02/04)
Por razones familiares y de trabajo, Joaquín pasa en Lima los fines de semana. El resto del tiempo suele estar en Miami, donde trabaja y es infeliz, y en Buenos Aires, donde descansa, ve fútbol, se reúne con los amigos, compra libros y es feliz (tanto, que le da vergüenza, porque supone que un escritor, que es lo que él quisiera ser a pesar de sus libros, no debería ser tan feliz). Joaquín sueña con retirarse a vivir en Buenos Aires, pero un oscuro presentimiento le dice que nunca llegará a cumplir ese sueño, que antes se enfermará y morirá, o que cuando por fin se mude a esa ciudad, unos maleantes vestidos con camisetas de fútbol le pegarán un tiro en la cabeza para robarle cinco mil pesos a la salida de un cajero automático. Un domingo en Lima, extenuado como casi siempre (porque los vuelos semanales en avión lo dejan aturdido y odiando a la humanidad), Joaquín y su ex esposa, que estuvieron casados ocho años y ahora son amigos, almuerzan en casa de ella, que es una cocinera exquisita, y luego salen a ver casas, en compañía de una agente inmobiliaria. Quieren comprar una casa. En realidad, es ella, Sofía, su ex esposa y la madre de sus hijas, quien sueña con comprar una casa, porque aquella en la que vive ya le queda chica (o eso dice ella) y sus hijas adolescentes reclaman cuartos separados. Joaquín cree que se trata de un capricho, de un sueño desmesurado, aunque no se atreve a decírselo. No le parece necesario comprar una casa más grande para su ex mujer, pero ella y las niñas han insistido tanto, que, para no defraudarlas, ha acabado cediendo. Comprará la casa, la pondrá a su nombre, se reservará un cuarto y dormirá ocasionalmente allí, aunque lo más probable es que, cuando pase por Lima, siga refugiándose en su apartamento, un escondrijo oscuro y desaseado, lleno de libros apilados en las esquinas del piso, al que nunca entra nadie que no sea él mismo, ni siquiera sus hijas. Sofía y Joaquín recorren varias casas, soportando a la agente inmobiliaria, que
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