26.4.07

El gran amor de su vida (19/03)

Martín está triste en Buenos Aires porque su hermana se encuentra muy enferma. Extraña a su amante, que está en Miami, trabajando. No lo ve hace meses. No sabe cuándo volverá a verlo. Como lo extraña, y como su amante es famoso porque trabaja en televisión, escribe en Google su nombre, Joaquín Camino, y lee las cosas que se han publicado sobre él (más insidias que elogios). Luego entra en Youtube y, de nuevo, escribe el nombre de su amante y pierde el tiempo mirando videos de los programas que Joaquín hace en Miami y Buenos Aires. En uno de esos videos, que corresponde al programa que Joaquín presenta en Miami todas las noches (odiando cada una de esas noches en las que tiene que manejar una hora hasta un estudio en un barrio feo y peligroso), Joaquín anuncia que no va a entrevistar a nadie, pues se someterá a las preguntas del público que, en un número no mayor a cincuenta personas, ha acudido al estudio. Lo que no dice Joaquín (y esto lo sabe Martín) es que aquella noche se quedó sin invitado a último momento y por eso se resignó a dejarse entrevistar por el público, a sabiendas de que las preguntas serían peligrosas y rozarían el tema de su vida amorosa y el de su sexualidad (dos temas que, en su biografía íntima, corren separados y son raramente compatibles). Sentado frente a la computadora de su departamento en el barrio de San Isidro, Martín contempla, sorprendido, la escena que se ha emitido no hace mucho en la televisión de Miami: una mujer alta, obesa, con marcado acento venezolano, cuyo rostro no se alcanza a distinguir porque la cámara la enfoca prudentemente desde atrás, se pone de pie y le pregunta a Joaquín: -¿Cuál ha sido la relación que más te ha marcado en tu vida? Joaquín responde, aparentemente sin dudar (y con la certeza de que no miente o exagera): -El gran amor de mi vida ha sido y es Sofía, la madre de mi hijo Sebastián. Ya no vivo con ella, pero la sigo queriendo y la querré siempre. La mujer venezolana se resiste a dejar el micrófono y a sentarse en la silla metálica que le lastima el trasero. Como ha llevado una botella de vino blanco y un pan de jamón que ella misma ha horneado para Joaquín, se siente con derecho a preguntar: -¿Te gustaría volver con ella? Joaquín responde, aparentemente sin dudar (porque cuando habla en televisión no suele dudar): -Nunca digas nunca. Sofía es el gran amor de mi vida y lo será siempre. El público, integrado por señoras cubanas y venezolanas de una cierta edad, aplaude, conmovido. Pero Martín se siente traicionado por su amante, el hombre del que se enamoró hace cuatro años en un hotel del centro de Buenos Aires. Sin pensarlo, furioso, coge el teléfono, lo llama a Miami y le dice: -¿Así que Sofía es el gran amor de tu vida? Volvé con ella, si tanto la amás, boludo. No quiero verte más. Sos un mentiroso y un cobarde. No tenés los huevos de decir en televisión que sos puto y que tenés un novio. Y te hacés el machito sólo para que te aplaudan las viejas cubanas. Sos patético. Martín corta el teléfono, enciende un porro y se queda llorando porque quiere a Joaquín, a pesar de que lo considera un mentiroso y un cobarde. Joaquín no entiende nada porque no sabe que Martín acaba de ver ese video en youtube (ni siquiera sabe que ese video está en youtube) y porque ya ha olvidado aquella noche en que se sometió a las preguntas del público y dijo esas cosas sobre Sofía. Como hace televisión todas las noches, y como se entrega a ella sólo por dinero, suele olvidar las cosas que dice en sus programas con una muy conveniente facilidad. Casi al mismo tiempo que Martín ve el video y se molesta y entristece, Sofía, que está en el aeropuerto de Miami esperando un vuelo a Nueva York, entra a una tienda de libros y revistas y, curioseando, perdiendo el tiempo, ve el titular de una revista de chismes del espectáculo, que dice: “Joaquín Camino, sex símbolo gay”. Sofía hace entonces lo que sabe que no debería hacer: abre la revista, busca el artículo que alude al hombre con el que estuvo casada y lee, irritada, dolida, las cosas que allí se dicen, en las que no reconoce siquiera vagamente al hombre que amó años atrás. El reportero de esa revista de chismes le pregunta a Joaquín: -¿Estás enamorado? Joaquín responde, aparentemente sin dudar: -Sí. Amo a Martín, mi novio argentino. Estamos juntos hace cuatro años. El reportero insiste, porque para eso le pagan: -¿Martín es el gran amor de tu vida? Joaquín responde: -Sí. Martín es el gran amor de mi vida. El reportero elogia enseguida la honestidad de Joaquín y recuerda que por eso le darán un premio en Miami muy pronto, el premio a la “visibilidad gay”. Pero Sofía se siente traicionada por las declaraciones del hombre con el que se casó, sin saber que años después una revista de Miami lo llamaría “símbolo sexual gay”. Furiosa, dolida (más dolida que furiosa), piensa: “Qué ironía que elijan símbolo sexual a alguien tan poco sexual”. Luego abre el celular, marca el número de Joaquín y, cuando él contesta, le dice: -Mejor no vengas al aeropuerto. No tengo ganas de verte. Sorprendido, Joaquín, que va camino al aeropuerto para acompañar a Sofía mientras dure la espera (porque el vuelo a Nueva York está demorado por mal tiempo), le pregunta: -¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Sofía responde secamente: -Porque eres un símbolo sexual gay. Y porque el gran amor de tu vida es un hombre. Luego corta el teléfono, se aleja de la gente y llora discretamente porque todavía le tiene cariño a Joaquín, a pesar de las cosas imprudentes que él dice a veces en la prensa. Joaquín no entiende nada porque no ha leído esa revista de chismes de Miami en la que le atribuyen aquellas declaraciones que en realidad nunca hizo (pues el reportero decidió inventarse la entrevista con mucho cariño, dado que Joaquín prefirió no concedérsela). Cuando regresa a su casa, hace lo que suele hacer cuando está muy abatido o en busca de paz: se quita la ropa, se mete desnudo a la piscina y se queda quieto, en silencio, mirando las nubes, los pájaros posados sobre los cables de luz, las lagartijas. Y, sin entender todavía por qué Martín y Sofía están furiosos con él, piensa que quizá sea hora de dejar al gran amor de su vida, la televisión.

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